Repito, como no podía ser de otra forma, con una de las autoras que, junto a Kurt Vonnegut, Clarice Lispector y Roberto Bolaño, conforman mi cuarteto de ases de este año. Herta Müller nos presenta esta vez un libro de quince relatos (más bien retazos de impresiones) de extensión variable, algunos ocupan sólo un par de páginas, otros son más largos siendo En tierras bajas, el relato central y más extenso el que da título a la recopilación. Son impresiones inconexas que parece imitar el pensamiento o la memoria que surgen de improviso, sin aviso y de forma aleatoria.
"La mirada se le vació, la ropa se le pegó a la piel. Se quedó paralizada. Levantó bruscamente al niño, sollozó y gritó, y mientras se tambaleaba sobre la hierba, la serpiente salió de la canasta arrastrándose lenta y perezosa por el suelo, y la mujer encaneció en cuestión de segundos."
Volvemos a los territorios del Banato rumano, en su mayoría poblados por una minoría de alemanes suabos, etnia a la que pertenece la autora. La línea temática sigue los pasos de La bestia del corazón, centrándose en las duras condiciones de vida padecidas por los rumanos de origen alemán que habitan este territorio. La mayor parte de los relatos describen la vida en los medios rurales, todos, salvo un par de ellos, utlizan la naturaleza como base de metáforas y alegorías tan especiales y llamativas en el estilo de Müller
No podemos hablar de un protagonista, suponemos que los relatos son los recuerdos de infancia y las experiencias vivida por la autora, lo único común a todos los relatos es que son vistos a través de los ojos de una niña. Una niña que por su inocencia no comprende ese mundo de adultos que lucha por sobrevivir, una sociedad que se entrega a actos mezquinos de toda índole que no es demasiado capaz de distinguir la religión de la superstición dictadora de impulsos injustificados y que es presa del miedo omnipresente y asfixiante, el miedo a todo, la ignorancia de todo. La apabullante y oscura cotidianidad se da la mano con las descripciones oníricas, unas veces en forma de pesadilla y otras como vía de escape contemplativa, para conformar un bucolismo sensorial sin precedentes. Surge, como es común en sus obras, un fuerte contraste entre la aridez de la línea temática con la excelencia y belleza del uso de la prosa que llega a niveles poéticos en muchos momentos
"La carne me ardía donde la piel había sido arrancada de mis rodillas y me daba miedo no poder vivir con tanto dolor y a la vez sabía que estaba viva porque me dolía. Me daba miedo que la muerte penetrara por la rodilla abierta así que rápidamente me cubrí la rodilla con la mano"
Se usa frecuentemente y a veces con ligereza el adjetivo "sinestésico" para describir el estilo de algunos autores. No creo que haya un adjetivo mejor para definir el estilo de Müller: fruta que estalla en mil colores, la oscuridad que actúa como un ser con vida, la personificación de las sensaciones en sonidos y la descripción de los sentimientos a punto de rebosar a flor de piel, bailes regionales como un símbolo de deshinibición, los fenómenos atmosféricos filtrándose en estados de ánimo e imágenes pintadas con palabras de una nitidez insuperable.
Debo ser prudente a la hora de recomendar el libro, censurado en Rumanía por su fuerte contenido crítico a la época de la dictadura comunista. Es duro, de lectura pausada, incita a la reflexión y las situaciones que presenta son difíciles de digerir. Sin embargo, está magníficamente escrito, el sello de Müller queda patente en cada relato, personalísimo e inequívoco. Cierto es que disfruté más de la lectura de La bestia del corazón, que permite al lector adoptar y comprender todo el código de símbolos que se reitera a lo largo de la obra. La estructura de En tierras bajas no lo permite de igual manera por ser un libro de relatos, aún así, es una lectura recomendable para todo admirador de Müller y por extensión, para todo amante de la literatura.