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lunes, 20 de abril de 2015

Americana, de Don deLillo

"No hace mucho fui a comer con un amigo. Se echó a llorar. Quería construir un barco y zarpar hacia Tasmania. Me reí en su cara. Una semana después sufrió una hemorragia cerebral. No somos capaces de aprender nada sobre los estereotipos que nos rodean, ni siquiera que somos todos iguales"

"¡Eso es magnífico! Cuéntamelo. Odio mi vida. Estoy en ese momento en el que quiero oír sobre la vida de la gente, es como saltar de la ficción a la realidad. El principio del fin."

"Nos rodeábamos de humo y de ruido. Esa es la forma de vida que habíamos elegido"

"América solo se puede ser salvada por lo que está intentando destruir"

"Demasiado ha sido ya olvidado en el nombre del recuerdo"





Imponente debut literario de uno de los cuatro pilares de la narrativa contemporánea estadounidense. DeLillo junto a McCarthy, Pynchon y Roth ,considerados por muchos los mayores exponentes de la literatura posmodernista americana, cada uno con sus peculiaridades aunque convergiendo en un mismo fin,  desmontan pieza a pieza un puzle que llega ensamblado ya de fábrica, una imagen preconcebida y aceptada para el resto del mundo- el sueño americano- un espejo que refleja una realidad que estos autores descomponen en esquirlas.

¿Quién sino David Bell puede ser el aspirante más arquetípico a ganar la carrera hacia la consecución de tan preciado sueño? Joven, atractivo, ambicioso y ya posicionado en los altos cargos ejecutivos de una cadena de televisión. Humo, alcohol y ruido. Lo hemos visto gráficamente en Mad Men, hombres que intentan escalar y hacerse hueco en un mundo en el que la competitividad es una cualidad al alza, un mundo en el que las conversaciones son de una superficialidad tal que su única valía es aparentar más que expresar, un eterno "parezco ser como vosotros ergo sum" más que un "existo a mi manera y a vuestro pesar, soy una pieza que no encaja en el puzle"

David, ya divorciado, también bebe y se acuesta con mujeres, se deja llevar por los senderos ya trillados por otros. Camina con paso firme hasta el momento en que tropieza consigo mismo y reacciona. Aleja la vista del horizonte y mira hacia un lado cayendo en la cuenta de que hay más que el punto fijo que brilla al frente; se convierte en el asno que ya no persigue la zanahoria atada al extremo de un palo asido por el que lo monta y dirige y ahora ¿cómo caminar solo? ¿dónde brilla el punto que le hará reencontrarse consigo mismo?

La primera parte de la novela es básicamente un análisis de la sociedad americana, sobre la banda oscura que cubre los ojos de aquellos que caminan sin ver guiados por el hedor que les huele a aroma de éxito. El contexto es clave; el país está en pleno conflicto con Vietnam.

David pone un pie fuera del camino y decide desviarse, decide hacer una especie de documental sobre los indios Navajo y deja las cuatro paredes de la oficina para embarcarse en un road-trip en el que, sin llegar a perder su obsesión por el éxito,- llama constantemente a la oficina para interrogar a su secretaria si los nuevos empleados son más jóvenes o atractivos que él-, va gradualmente encontrándose a sí mismo en un camino existencial que recuerda al de Kerouac. Lo que se encuentre al final del trayecto queda aún por descubrir, lo que encuentre David dentro de sí mismo queda aún por explorar, son estos los núcleos del libro.

Resulta sorprendente la vigencia que destila esta novela que se acerca ya al medio siglo. Tan universal, en este caso no con las connotaciones más positivas del término, que nos hace pensar inmediatamente en la globalización, en la publicidad agresiva desmedida e influyente que nos asemeja a todos y nos alambica con un embudo de falsa promesa de felicidad. Tengo que decirlo: Beigbeder y demás autores europeos que jugáis al posmodernismo. DeLillo lo hizo hace 44 años mucho mejor que vosotros, fue ya un visionario que previó las coyunturas de la que recogemos el testigo por mera experiencia y que lanzó la advertencia de que caeríamos en el abismo de nuestra propia alienación.