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viernes, 2 de octubre de 2015

La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares

"Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro. El verano se adelantó" 

“No fue como si no me hubiera oído, como si no me hubiera visto; fue como si los oídos que tenía no sirvieran para oír, como si los ojos no sirvieran para ver.”

“Lloré durante el sueño y desperté con una inconsolable desesperanza porque Faustine no estaba y con llorado consuelo porque nos habíamos querido sin disimulo.” 

“Tal vez toda esa higiene de no esperar sea un poco ridícula. No esperar de la vida, para no arriesgarla; darse por muerto, para no morir.” 







Aclamada por el mismísimo Borges que calificó la obra más conocida de su compatriota de "perfecta", La invención de Morel es uno de los ejemplos más representativos de la ciencia ficción en lengua española.

Un fugitivo a la caza y captura se refugia en una isla hasta el momento desierta en la que empiezan a aparecer personajes que provocan al fugitivo la sensación de miedo porque estos podrían revelar su paradero y ser así capturado. Pronto divisará a Faustine, una mujer que cada tarde observa el horizonte desde la orilla pero al intentar interactuar con ella no encontrará respuesta. Extrañado por la reacción de la misteriosa mujer intentará establecer comunicación con el resto de personas que la acompañan obteniendo la misma indiferencia. Perplejo por la actitud de los personajes comienza a observarlos, a analizar cómo interactúan entre ellos y a ser testigo de que a veces actúan de forma poco coherente con las circunstancias. El fugitivo comienza a inquietarse por creer que está perdiendo la razón; dos hechos más: la aparición de dos soles y dos lunas y la misteriosa desaparición del grupo incitará al fugitivo a descubrir qué hay detrás de tan extraños hechos.

El grupo vuelve a aparecer y es así como el fugitivo desvela el secreto: todo es producto de la invención de Morel, un científico al que el fugitivo oye explicar lo que está ocurriendo en la isla.

Nos encontramos ante un texto de ciencia ficción, por su forma en el  que la trama principal es una excusa para cavilaciones filosóficas que solo podríamos analizar con cierta profundidad al conocer la resolución del relato aunque podríamos agrupar, a grandes rasgos, los temas principales: la idea de trascendencia, el concepto de eternidad y el libre albedrío.

En las pocas páginas de este relato brillante encontraremos claves existencialistas de una hondura profunda en un texto insólito en su forma. Queda al lector por descubrir para ello cuál  es la invención de Morel.

lunes, 24 de febrero de 2014

Hablar solos, de Andrés Neuman

"La enfermedad, como la escritura, llega impuesta, -subrayo en el diario- de ahí que los escritores se sientan incómodos al ser preguntados por su condición" [...] "Sin embargo, si son preguntados por sus técnicas favoritas o por sus autores más amados, los escriotores hablarán sin parar, igual que los enfermos se vuelven especialmente locuaces cuando nos interesamos por sus dolencias- la diferencia sería que los escritores no pueden evitar hablar de algo que los salva, mientras que los enfermos no pueden evitar hablar de aquello que más odian"

"Ahora prefiero la noche, que al menos tiene cierta cualidad de paréntesis, algo de cámara aséptica: todo parece un poco mentira en la oscuridad, nada parece dispuesto a seguir sucediendo"

"Yo no sé para qué carajo les enseñamos a nuestros hijos a comportarse como nosotros, si ya sabemos que no somos felices, te juro que a veces cuando lo pienso me... "


Inclasificable en un género particular este pequeño gran libro de Andrés Neuman, por fuera un peso pluma y por dentro contiene plomo y pólvora a punto de entrar en contacto con la chispa que lo prenderá, somos lo que crecimos para ser y aun así, en esa afirmación banal e irrefutable  actuamos como peces varados, esperando hasta el último instante el agua redentora en la que poder respirar, en la que vivir.

¿Cómo hacerlo cuando acucia la enfermedad? ¿Qué se espera de nosotros cuando ésta nos acecha? Nadie tiene la respuesta, ni siquiera Andrés Neuman que solo nos ofrece una ventana de algo que podría ser, sin embargo, si nos asomamos a ella y prestamos atención, nos reconoceremeos en el paisaje.

Mario padece una enfermedad incurable, no le queda mucho tiempo de vida, está casado con Elena y tiene un hijo de diez años, Lito. Cuando el horizonte de la vida se convierte en un muro que ya se puede tocar con las manos, cuando hay que hacer las paces con uno mismo y el tiempo apremia puede que nos dispongamos a dar lo mejor de nosotros mismos. Por ello, Mario decide hacer su último reparto, en una provincia distante acompañado por su hijo, para conocerlo, para conocerse. Dicen que en lo últimos momentos nos pasa la historia de nuestra vida por delante en unos zegundos, Mario tiene tiempo para reflexionar, para recordar...hay mucha nostalgia en el libro, por lo que era, por lo que es, un análisis de por qué todo ha resultado ser lo que es. En casa se queda Elena, leyendo, reconociéndose en lo que lee, buscando el sentido de la vida, de la muerte y de la enfermedad en los libros y tratando de sentirse viva en los brazos de otro hombre al que no ama pero al que desea, o quizás desee lo que es ella misma cuando está con él.

Los capítulos, breves, se van sucediendo en monólogos en secuencia, Lito, Mario, Elena, hasta el final del libro. Los personajes interactúan en diálogos y se percibe la inocencia infantil de Lito y como empieza a percibir el mundo alrededor a la vez que ignora el destino de Mario, que se dirige a él con todo tipo de apelativos cariñosos mientras le da unas improvisadas lecciones de vida. Desde la distancia, el desespero de Elena.

Una pequeña obra maestra tanto en forma como en fondo. Admirable la forma de escribir de Neuman. De lo mejor que he leído en mucho tiempo.