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lunes, 10 de marzo de 2014

Mientras agonizo, de William Faulkner

"[Él] tenía una palabra también. Amor lo llamaba. Pero ya me había acostumbrado a las palabras hacía mucho tiempo, sabía que esa palabra era como las demás: unicamente una forma para llenar un vacío, cuando llegara la ocasión no necesitarías esa palabra para más que para el orgullo o el miedo. Un día estaba hablando con Cora, estaba rezando por mí porque me creía ciega de pecado, quería que me arrodillase y rezase con ella porque la gente para la que el pecado es una palabra, la salvación no son más que palabras también."

"Mi madre es un pez"

"Se necesitan dos personas para hacerte y una para morir. Así es como acabará el mundo"

Tres citas, cada una de un personaje diferente de los quince que conforman el mosaico de voces que se expresan en monólogos internos entremezclándose y transformándose en capítulos de extensión variable. 


Yoknapatawpha, condado ficticio en el sur de los Estados Unidos. Addie Bundren, en su lecho de muerte, es testigo de los preparativos de su traslado y  sepelio en Jefferson, poblado del que procede y en el quiere ser enterrada como última voluntad. Los Bundren son una familia desestructurada al borde de la pobreza por la ataraxia y egoísmo del patriarca que elude responsabilidades y cuyas actitudes se convierten en el centro de las críticas de la eminentemente religiosa sociedad sureña. Cada uno de los personajes ofrece una visión sobre la situación que están a punto de vivir, cada uno se manifiesta a través de su flujo de conciencia que abarca desde amigos de la familia hasta el miembro  más pequeño, un niño de unos ocho años que ni entiende lo que está a punto de ocurrir ni las complicadas relaciones entre los miembros de la familia. Hechos y reflexiones insólitas que rozan lo absurdo, lo sórdido y que parapetan con humor negro el impacto del lector al enfrentarse a la obra configurando un relato que parece desprender hilos argumentales infinitos que confluyen siempre en el núcleo familiar; así encontraremos a un hijo de Addie nacido de una relación extramarital que es, además, el favorito por lo que significó un acto de rebeldía y de evasión de una vida que la alienaba, otro hijo que proyecta su frustración en la construcción del ataúd para la madre; otra hija que queda embarazada y busca desesperadamente deshacerse del bebé...

Y después de la muerte de la matriarca

Comienza un periplo con el fin de transportar el cadáver de Addie a Jefferson en un transcurso en el que surgen todo tipo de complicaciones en gran parte propiciadas por las inclemencias del tiempo: lluvias torrenciales que desbordan un río y anegan los caminos haciendo que los protagonistas se enfrenten a todo tipo de situaciones que extraen lo que hasta ahora iban callando hasta un clímax de consecuencias que se percibe casi como relaciones causa-efecto por el fuerte tono existencialista, religioso y trascendental de la obra.

Muchos son los temas expuestos por Faulkner de los que vemos varias caras dependiendo siempre de quien tome la voz callada: la vida, la muerte, la existencia, las relaciones familiares, la justicia, la locura, la religión y la posición ante esta son los hilos temáticos principales que conducen una historia inusual aunque muy reveladora de la existencia humana.

Lo más destacable es sin duda el estilo de Faulkner en una novela experimental. Las metáforas se suceden,
el uso de la sintaxis se ve alterado en ocasiones para resaltar aspectos que la corrección estilística no permitiría, las metáforas son sinestésicas y son empleadas para destacar desde lo más lírico hasta lo más sórdido e incluso absurdo de la naturaleza humana. Se trata de una proeza literaria de indudable estilo modernista trasladado a los límites del gótico sureño al más puro estilo encontrado, con el devenir del tiempo y como influencia directa, en textos de Cormac McCarthy o Carson McCullers. No puedo más que recomendar esta obra que, a la vez me parece una muy buena opción para todo aquel que quiera iniciarse con el autor y seguir más tarde con su obra más representativa: El Ruido y la Furia.

lunes, 22 de julio de 2013

El ruido y la furia, de William Faulkner

Acometer la lectura de El ruido y la furia de William Faulkner y tratar de obviar el extenuamiento al que nos enfrentamos es imprudente. Antes de dejarse inundar por la historia debemos ser conscientes de que toda información es poca, todo texto sobre la obra es necesario, todo lo que nos pueda esclarecer los escollos del camino es imprescindible con la sola excepción del prólogo explicativo que aparece en ciertas ediciones y que desenreda los entresijos desvelando demasiado de la trama, los demás textos paralelos deben, en mi opinión, ser leídos al ir avanzando en la historia. Sin más, nos adentramos en esta obra cumbre de la literatura universal.

"Un hombre es la suma de sus infortunios. Un día piensas que los infortunios se cansaran hasta que te das cuenta de que el tiempo es tu infortunio"

La historia se centra en la decadencia a todos los niveles de una familia sureña que habita el ficticio condado de Yoknapatawpha. Treinta años cubren el periodo en el que se desarrolla la novela a cuatro voces narradas en primera persona que conforman las cuatro partes del libro presentando una dificultad de lectura decreciente. En cada una de las partes veremos a los personajes, a los Compson y a la familia de sirvientes que vive con ellos, interactuar mostrando sus características a ojos del narrador que toma la voz en cada una de sus partes. Para dar una idea global puede ser conveniente seguir la estructura del libro.

Benjy o el grito mudo

Benjy padece un retraso mental y es considerado la vergüenza familiar. A pesar de su discapacidad posee una notable sensibilidad de lo externo y una percepción casi sobrenatural que le permite vaticinar las consecuencias de los actos de los miembros de la familia, sobre todo los de Caddy, su hermana y mayor apoyo, que dejará la familia para llevar una vida disoluta y desenfrenada de la que pagará las consecuencias y augurada por el llanto de Benjy al ver manchada de tierra su ropa interior. Benjy llora, llora sin cesar, llora las desgracias de la familia, las que nadie más que él ve, las del presente y las que están por venir.

Es la parte más ardua de la lectura por los continuos saltos de tiempo y trama, marcados por epígrafes para facilitar la delimitación contextual, es también la parte que sienta los pilares de la obra. Benjy ve pero no puede hablar, siente pero no puede gritar, vive sin comprender una angustia inconsolable.

Quentin o el tormento acumulado

Hermano mayor y diana de la opresión paterna e indiferencia materna es enviado a la universidad. Las continuas discusiones sobre la castidad y los valores morales con su padre propiciados por la conducta libertina de Caddy producen en Quentin una desazón destructora que lo llevará a inventar una mentira por su desproporción absurda y producto de la obsesión por su hermana Caddy que verá encarnada en uno de los episodios más llamativos del libro, en una niña extranjera. Todo lo que bulle en la mente de Quentin y que arrastra desde niño lo irán sumiendo en un estado de angustia que tendrá consecuencias trágicas.

Jason o la frustración del no-ser

La tercera parte es la voz de Jason, hermano Benjy por el que profesa indiferencia y exasperación y de Caddy a la que odia visceralmente pagando las consecuencias su sobrina- hija de Caddy- que vive con la familia a la que Jason proporciona sustento económico por medio de un trabajo que no es el que querría, llevando una vida que no es la que desearía, manteniendo las apariencias y aprovechando la predilección de su madre para manipularla a su conveniencia. Esta parte da pie a las continuas disputas con su sobrina que serán la base de la cuarta parte

Dilsey o el contrapunto

Si bien Dilsey, sirvienta del hogar  no tiene voz directa o muchos no coinciden en que sea ella la narradora proporciona el contrapunto moral a la actitud o manera de actuar de Jason y de la madre ofreciendo a la hija de Caddy su apoyo y ayuda, en la medida de lo posible y cuidando de Benjy.

William Faulkner 1897-1962, Premio
Nobel de Literatura en 1949 y autor
de una de las obras cumbres de la
literatura universal El ruido y la furia
Es absolutamente imposible ofrecer la globalidad de la obra en una reseña, los cuatro puntos destacados son sólo un esbozo, la punta de un iceberg que no indaga en la proeza literaria de William Faulkner. Es un libro imprescindible, temido por su complejidad, por los saltos en el tiempo y el uso constante de un monólogo interno plagado de símbolos. El título, obtenido de un soliloquio de MacBeth da muestra fehaciente del estilo críptico y oculto, los símbolos desvelan tanto como los personajes. La decadencia moral y financiera de la familia Compson, tema subyacente del libro, esconde otros como el trato del tiempo, la solidez e impermeabilidad de los valores tradicionales, la voluntad de renacer sin poder, la libertad de elección en contra de la aceptación de lo preestablecido todo ello marcado por metáforas- el olor a árboles, el agua, el fuego, un reloj, las sombras, no siempre fácilmente descifrables pero dotadoras de una fuerza descriptiva inaudita.

Todos los esfuerzos y minutos invertidos en la lectura de esta obra se han visto más que recompensados. La obra cumbre de William Faulkner es un referente literario al que animo a adentrarse a todo el que se sienta con fuerzas de viajar a Yoknapatawpha. Insisto en que no es una tarea fácil, el camino es duro pero la recompensa retribuida al cerrar las tapas por última vez hace que merezca hasta el último esfuerzo.