"[Él] tenía una palabra también. Amor lo llamaba. Pero ya me había acostumbrado a las palabras hacía mucho tiempo, sabía que esa palabra era como las demás: unicamente una forma para llenar un vacío, cuando llegara la ocasión no necesitarías esa palabra para más que para el orgullo o el miedo. Un día estaba hablando con Cora, estaba rezando por mí porque me creía ciega de pecado, quería que me arrodillase y rezase con ella porque la gente para la que el pecado es una palabra, la salvación no son más que palabras también."
"Mi madre es un pez"
"Se necesitan dos personas para hacerte y una para morir. Así es como acabará el mundo"
Tres citas, cada una de un personaje diferente de los quince que conforman el mosaico de voces que se expresan en monólogos internos entremezclándose y transformándose en capítulos de extensión variable.
Yoknapatawpha, condado ficticio en el sur de los Estados Unidos. Addie Bundren, en su lecho de muerte, es testigo de los preparativos de su traslado y sepelio en Jefferson, poblado del que procede y en el quiere ser enterrada como última voluntad. Los Bundren son una familia desestructurada al borde de la pobreza por la ataraxia y egoísmo del patriarca que elude responsabilidades y cuyas actitudes se convierten en el centro de las críticas de la eminentemente religiosa sociedad sureña. Cada uno de los personajes ofrece una visión sobre la situación que están a punto de vivir, cada uno se manifiesta a través de su flujo de conciencia que abarca desde amigos de la familia hasta el miembro más pequeño, un niño de unos ocho años que ni entiende lo que está a punto de ocurrir ni las complicadas relaciones entre los miembros de la familia. Hechos y reflexiones insólitas que rozan lo absurdo, lo sórdido y que parapetan con humor negro el impacto del lector al enfrentarse a la obra configurando un relato que parece desprender hilos argumentales infinitos que confluyen siempre en el núcleo familiar; así encontraremos a un hijo de Addie nacido de una relación extramarital que es, además, el favorito por lo que significó un acto de rebeldía y de evasión de una vida que la alienaba, otro hijo que proyecta su frustración en la construcción del ataúd para la madre; otra hija que queda embarazada y busca desesperadamente deshacerse del bebé...
Y después de la muerte de la matriarca
Comienza un periplo con el fin de transportar el cadáver de Addie a Jefferson en un transcurso en el que surgen todo tipo de complicaciones en gran parte propiciadas por las inclemencias del tiempo: lluvias torrenciales que desbordan un río y anegan los caminos haciendo que los protagonistas se enfrenten a todo tipo de situaciones que extraen lo que hasta ahora iban callando hasta un clímax de consecuencias que se percibe casi como relaciones causa-efecto por el fuerte tono existencialista, religioso y trascendental de la obra.
Muchos son los temas expuestos por Faulkner de los que vemos varias caras dependiendo siempre de quien tome la voz callada: la vida, la muerte, la existencia, las relaciones familiares, la justicia, la locura, la religión y la posición ante esta son los hilos temáticos principales que conducen una historia inusual aunque muy reveladora de la existencia humana.
Lo más destacable es sin duda el estilo de Faulkner en una novela experimental. Las metáforas se suceden,
el uso de la sintaxis se ve alterado en ocasiones para resaltar aspectos que la corrección estilística no permitiría, las metáforas son sinestésicas y son empleadas para destacar desde lo más lírico hasta lo más sórdido e incluso absurdo de la naturaleza humana. Se trata de una proeza literaria de indudable estilo modernista trasladado a los límites del gótico sureño al más puro estilo encontrado, con el devenir del tiempo y como influencia directa, en textos de Cormac McCarthy o Carson McCullers. No puedo más que recomendar esta obra que, a la vez me parece una muy buena opción para todo aquel que quiera iniciarse con el autor y seguir más tarde con su obra más representativa: El Ruido y la Furia.

