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lunes, 15 de julio de 2013

En el culo del mundo, de António Lobo Antunes


"¿Nunca le ocurrió esto, sentir que está cerca, que va a lograr en un segundo la aspiración retrasada y eternamente perseguida a lo largo de los años, el proyecto que es, al mismo tiempo, su desespero y su esperanza, extender la mano y caer de repente de espaldas, con los dedos cerrados sobre nada, a medida que la aspiración y el proyecto se apartan tranquilamente en un pequeño trote de indiferencia, sin tan siquiera mirarla? Pero puede que usted no conozca esa especie horrorosa de derrota, quizás la metafísica constituya apenas para usted una molestia tan pasajera como una comezón tan efímera, quizás la habite la jubilosa levedad de los botes anclados, balanceándose despacio en una cadencia autónoma de cunas. Una de las cosas que me encanta de usted, permítame que se lo afirme, es la inocencia, no la inocencia inocente de los niños y de los policías, hecha de una especie de virginidad interior obtenida a costa de la credulidad o de la estupidez sino una inocencia sabia, resignada, casi vegetal, diría, de los que esperan de los demás y de sí mismos lo mismo que usted y yo, aquí sentados, esperamos del empleado que se dirige hacia nosotros llamado por mi brazo en el airede buen alumno crónico: una vaga atención distraída y el absoluto desdén por la delgada propina de nuestra gratitud.

La voz de António Lobo Antunes tiene timbre y tesitura propios. Un monólogo interno fragmentado, roto en pedazos sin recomponer, expulsados y superpuestos en la voz de un álter ego que roza el nihilismo en un relato desesperado, testimonio de veintisiete meses expatriado en una guerra sin sentido que le provoca un fuerte vacío existencial. La Juventudes Portuguesas adoctrinadas a adoptar un orgullo nacional sin base definitoria más allá de la preservación de las colonias en África, una burguesía almidonada que se reúne en salones con pianos de cola mudos que sirven de soporte a candelabros para discutir sobre las glorias de Salazar, una sociedad ajena indiferente a las desgracias presenciadas en la guerra de Ángola y  que aún retumban en la cabeza del protagonista son algunas de las bases en la que se sustenta el marco contextual de la obra.

El relato de los horrores de la guerra durante la conversación a un tú en un principio indefinido se ve intercalado por las experiencias del protagonista en Lisboa, desde su infancia hasta antes de partir y a su vuelta evidenciando una evolución en los sentimientos del autor que abarcan desde la infancia hasta el presente pasando de un tono nostálgico a un tono irónico que llega a ridiculizar al dictador portugués y culminando en párrafos en los que los sentimientos de soledad y aislamiento son preponderantes El autor se sirve de metáforas, en su mayor parte, referencias al mundo médico, poniendo de manifiesto la formación del autor y de la libre asociación de ideas para ofrecer imágenes nítidas de las sensaciones que experimenta.

De fuerte carácter antibelicista y crítico con el régimen dictatorial el relato toca a su vez cuestiones que versan sobre la condición humana extrayendo las bases de la mera observación y dotando al texto de un carácter revelador que parte de las especificidades culturales portuguesas hacia el universalismo: una "Mae West de sacristía" es un ejemplo de imagen bicéfala culturalmente que aparece en la obra.

El libro puede ser leído y considerado como una continuación vital y psicológica de Memoria de elefante, primera novela del autor, sin embargo, el tono es en esencia distinto. El sentimiento de desencanto, de desasosiego y soledad, las experiencias vividas dotan al libro de una prosa más oscura, menos poética aunque igualmente evocadora, esta vez focalizada en impresiones: relato de experiencias bélicas en primera persona, retrato de la sociedad se dan la mano mientras alguien se vacía en gemidos de quien extiende la mano sin esperanza de que le ayuden, de quien busca consuelo en una conversación  que no será del todo oída, de quien se aferra a sus propias palabras para dejar de estar solo.