"Con toda probabilidad piensas que eres como yo y que algo así no te podría ocurrir. Poder amar a un hombre, luego a una mujer-dos seres extraordinarios, dos formas únicas de amar, dos décadas diferentes, a ambos extremos del continente, mediante un accidente del universo o un destino preordinado- sea como sea nunca lo sabrás- lo que importa es que ocurre algo que no habrías podido planear ni en un millón de años y aquí estamos los tres, bailando ese viejo baile cuya única regla es añadir uno si hay tres y si no, resta. Si el tres no encuentra al cuatro, el tres vuelve al dos. Añadir o restar, esa es la regla"
"Hank abre el paquete de cacahuetes y se mete todo el contenido en la boca. Manos desnudas en una fría noche. Mastica como si estuviera muy hambriento, se acaba una Pepsi en dos tragos. Somos demasiado jóvenes, estamos demasiado sanos para pensar en la diabetes. Sobre nosotros, a la izquierda, está el Empire State, rojo y verde de Navidad"
"Tomé el cuchillo, me lo llevé al pecho, lo clavé con fuerza, me saqué el corazón y lo vertí en las páginas pero no estaba sangrando lo suficiente. Las palabras sonaban estúpidas"
Tomando esta última cita como referente, cita que refleja a la perfección el método ideado e impartido por Spanbauer, "escritura peligrosa" es fácil comprender por qué el autor tardó siete años en volver al panorama literario. No es fácil abrirse al mundo cuando en los escritos hay tanta verdad, tanta realidad, no forzosamente autobiográfica, no tiene porque serlo cuando se es capaz de extraer ficción de sentimientos genuinos, de desgranarlos en personajes y situaciones en un ejercicio de expresión del alma que no retiene nada dentro para evitar así que duela. Hay tanta introspección intercalada con episodios estridentes y descarados, tanta honestidad osada que se posiciona a un lado reclamando su razón de ser sin hacer concesiones al lado opuesto. Hay tanta sensibilidad vertida, tanta pasión, tanto amor, tanto dolor que una crítica simplista que hable de una historia de triángulo amoroso no haría más que desviar al lector interesado.
Sí, el triángulo amoroso existe, cabe en un paréntesis temporal de dos décadas y abarca dos puntos geográficos: Nueva York, el auge e ímpetu de la juventud y Portland, el comienzo de la decadencia.
Ben, bisexual de personalidad múltiple según su estado de ánimo: Big Ben cuando decide dejar los miedos atrás, el pequeño Ben cuando los nervios lo paralizan y Running Boy cuando no consigue hacer frente a sus miedos y se ve obligado a una retirada forzosa conoce a Hank, un macho alfa con el que comparte interés por la literatura y la esperanza de ver su nombre publicado algún día en la portada de una novela. Ruth forma parte del trío, mismas aficiones y aspiraciones aunque jugará su papel más tarde.
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Portada de la edición
española disponible a partir
del 11 de junio.
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Una década más tarde reaparece Ruth y hace añicos lo que se ha establecido entre ambos amigos. El SIDA se ha cobrado ya la vida de viejos conocidos en común. A partir de aquí empieza la decadencia, la vejez, la enfermedad. Una frase ronda por la cabeza de Ben, unas palabras banales que jamás dijo a Hank, tan banales que le provocan una sonrisa cada vez que las recuerda pero tan llenas de un significado oculto que termina por arrancarle lágrimas de nostalgia amarga.
Poco hay que decir de la trama, como en muchas grandes obras, la sucesión de hechos es secundaria. Ben conocerá los límites del amor por partida doble, se irá adaptando a los días amoldándose a la vida tal y como viene hablándonos desde el corazón con una mezcla de ingenio y honestidad arrolladora.
Spanbauer no nos obliga a llegar a un final, más bien nos invita a sacar conclusiones mediante el mismo método que él usa para escribir. Provoca un trasvase de sensaciones, espera a que el lector interiorice lo que narra y se produzca una reacción química incoativa que culmina en una interpretación propia. Sí, Yo te quise más es una obra maestra, única en estilo, vehemente en su posicionamiento, provocativa en su planteamiento a la vez que un testimonio fastuoso de las pulsiones del alma.



