Las cosas
"Jérôme y Sylvie son una pareja de clase media que vive en París. Ambos son psicosociólogos, esto es, llevan a cabo encuestas sobre el consumo de productos por la población. No les interesa su trabajo y sueñan con una vida grandiosa llena de riquezas y de cosas bellas pero su sueldo no les permite cometer locuras, sin embargo, en cuanto ahorran lo más mínimo lo gastan en ropa inglesa muy cara"
Jérôme y Sylvie no tienen mayor importancia en el relato, son el mero complemento agente del verdadero protagonista, sujeto indeterminado de la acción, genérico abstracto que toma la voz activa: las cosas.
Las cosas aparecen en el pensamiento, en el ansia de vivir, dándoles sentido, las cosas se amontonan y brillan visibles en un horizonte, fuera del alcance de las manos que anhelan tocarlas, poseerlas, aparecen en un futuro indefinido al que se corre pero nunca se llega.
El día a día es insoportable, la carencia de cosas amarga el carácter, provoca discusiones, hace tambalearse la relación; las cosas tienen más fuerza, cuadros, vajillas, zapatos, muebles. Ir recopilándolas supone un paso más a la felicidad, ir recopilándolas revela que se debe tomar las riendas para conseguir una meta. Un cambio de ciudad, un cambio de país, un ambiente extraño al que es imposible aclimatarse y comienza a perfilarse en un recoveco de la mente las palabras de Nietzsche "en última instancia lo que amamos es nuestro deseo, no lo deseado"
Un texto lleno de descripciones sobre los verdaderos protagonistas de la historia: las cosas. Una crítica al consumismo, al materialismo y a la realización personal a través de la gratificación inmediata.
Un hombre que duerme
"Tienes veinticinco años y veintinueve dientes, tres camisas y ocho calcetines, algunos libros que ya no lees, unos cuantos discos que ya no escuchas. No te apetece acordarte de nada más, ni de tu familia, ni de tus amigos, ni de tus amores, ni de tus vacaciones ni de tus proyectos. Has viajado y no has traído nada de tus viajes. Estás sentado y solo quieres esperar, esperar hasta que no haya nada más que esperar: que llegue la noche, que suenen las horas, que los días se vayan, que los recuerdos se difuminen"
Je-m'en-foutisme o la indiferencia de Bartleby à la française
Un joven universitario decide no asistir a un examen y ahogarse en la indiferencia ante la vida. A partir de esa mañana pasará horas en su habitación ignorando las llamadas de sus amigos, bebiendo café, fumando y aprovechando la noche para deambular por París sin rumbo. Un narrador en segunda persona omnisciente observa cada paso, analiza cada acción, predice la débâcle existencial autoimpuesta por un personaje sin nombre que se aleja de sí mismo, de las convenciones de la rutina diaria en un retiro emocional contemplativo. Asistimos, pues, a como el protagonista mata los incentivos y se deja vivir en una inercia a bajas revoluciones. Más que el recurrente grito existencial encontramos un silencio indiferente, una calle angosta, oscura que suponemos sin salida pero que oculta al otro extremo un desenlace irónico, desmarcado del Bartleby de Melville; un atisbo de reconciliación.
Me parece oportuno leer ambas novelas en el orden reseñado por el contraste existencial que presenta Perec en estos dos relatos experimentales. Aquí encontraréis un breve comentario y valoración sobre la versión cinematográfica de Un hombre que duerme.



