En esta ocasión me desmarco de las lecturas actuales para recuperar el hábito de reseñar novelas que signifiquen algo especial para mí, novelas que han solidificado los cimientos de lo que más tarde busqué partiendo de este origen, de lo que me convertiría en el lector que soy, historias que me hablaron directamente y a las que vuelvo sin cesar, libros de páginas desgastadas por el uso que contrastan con el blanco iridiscente de las páginas de las historias que no me hablaron tanto y que por eso ya olvidé. Uno de esos libros amarillentos, junto Al faro, de Virginia Woolf es, sin duda quizás la obra maestra de la misma autora, Las olas
"En mi soledad, suelo caer en la nada. Debo empujar mi pie hacia atrás furtivamente para no traspasar el filo del mundo y caer hacia la nada. A veces tengo que golpearme con fuerza la cabeza con una pared dura para llamarme de vuelta a mi propio cuerpo"
La cita es bastante descriptiva. En Las Olas, novela que muestra las capacidades de Woolf en su plenitud, la técnica del monólogo directo alcanza su auge y el grado supremo de expresión. Es una novela experimental que rompe con los esquemas tradicionales, no podemos hablar de una trama; no existe. Es un libro escrito a seis voces, las de los seis amigos que reflexionan sobre sus vidas desde la infancia a la madurez y que a su vez, dan vida a una séptima voz que no llega a expresarse por sí misma: un personaje auxiliar de vital importancia en la novela que conoceremos al detalle por las referencias de los otros seis.
La técnica requiere una destreza muy depurada; las reflexiones fluctúan y se entrelazan en una especie de vaivén poético singular que da la impresión del movimiento de las olas, seis voces diferentes, con aspiraciones diferentes que confluyen en una masa acuosa compartida sugiriendo una idea de origen y fin común. El fluctuar es poético y el uso del lenguaje y las imágenes recuerdan a un poema en prosa más que a una novela
"Finjamos que la vida es una sustancia sólida de forma esférica con la que jugamos con los dedos. Finjamos que podemos componer una historia sencilla y lógica de manera en que cuando hayamos acabado con un asunto podamos pasar de manera ordenada al siguiente"
No merece la pena entrar en las particularidades de cada uno de los personajes aunque sí, de manera general, en los temas que trata la novela: los temas versan sobre la incapacidad de adaptarse a un sistema preestablecido en el que no se encaja por las peculiaridades inherentes a una personalidad excéntrica o lejana de lo convencional, sobre el anhelo del amor y el ansia porque se materialice o sobre las inseguridades y los temores contra los que no podemos luchar: el yo siendo el más feroz enemigo del yo. La mayor parte de temas son recurrentes en la obra de Woolf aunque aquí maximizados por la profundidad de la que es capaz la autora.
"Cuanto mejor es el silencio; la taza de café, la mesa. Cuanto mejor no es sentarme al lado de mí mísma como el ave marina solitaria que abre sus alas en el poste. Deja que me siente aquí con cosas desnudas, con esta taza de café, con este cuchillo, con este tenedor, cosas en sí mismas, yo siendo yo misma"
Debo advertir de que no es una lectura fácil, muchos son los lectores que no se adaptan al estilo de Virginia Woolf, intimista y aparentemente oscurecido por el ostracismo de las convenciones literarias que parece dificultar la comprensión del texto. Recomendaría la obra sin dudarlo a aquellos lectores que piensen que el como es tan importante o en ocasiones más aún que el qué. No quiere decir esto que la obra de Woolf carezca de profundidad o de mensajes claros. Para llegar a ellos será necesario adentrarse en senderos tortuosos aunque de belleza indiscutible que serán más accesibles para aquellos que sean capaces de sentir en lugar de razonar, de dejarse llevar por el texto en vez de controlarlo y de leer en lo más oculto de sí mismos para regresar revitalizado con la promesa cumplida de una clarividencia de lo externo renovada.


