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lunes, 11 de marzo de 2013

Las correcciones, de Jonathan Franzen

"Y cuando el acontecimiento, el gran cambio en la vida no es más que una percepción, ¿no resulta extraño? Que nada cambia más que vemos las cosas de forma diferente y tenemos menos miedos, estamos menos preocupados y en consecuencia nos sentimos más fuertes y seguros ¿no es sorprendente que algo completamente invisible que sólo se encuentra en nuestra mente pueda ser más real que todo lo que hayamos experimentado con anterioridad? Lo vemos todo más claro y sabemos que lo vemos todo más claro. Y se nos ocurre que esto es amar la vida, esto es todo de lo que habla cualquiera que mencione a Dios. Momentos como este"

Tenemos un pacto tácito con la vida: se va consumiendo instante a instante a la vez que nos muestra el punto final al que nos vamos acercando a un ritmo constante y regular. Perdemos la noción del tiempo, atormentándonos por el pasado, malviviendo el presente y temiendo el fututo. A cambio tenemos la posibilidad de intentar cambiar nuestro destino. El proceso es complicado en situaciones de duda existencial: nos dejamos arrastrar hasta no poder más, estamos sumergidos en el desespero, en la ataraxia o en la rutina y decidimos sacar por fin la cabeza a la superficie para poder llenar los pulmones de aire, para buscar ese alivio, inspiramos intentando acaparar el aire del que se nos ha privado . Creemos, casi de manera innata tener reservado ese derecho a llenar los pulmones de aire puro, a las correcciones ...aunque la vida no siempre cumple con el pacto.

Enid mira a su alrededor y observa la vida de sus conocidos: viajes a Europa, excursiones.... se pregunta sin cesar por qué ella no ha podido disfrutar de lo mismo y entonces cruza la mirada con la de su esposo Alfred: un hombre de valores tradicionales arraigados en lo correcto con respecto al trabajo, la familia y la responsabilidad social que lo llevan a despreciar todo lo que se salga de la norma que él entiende como ejemplar. Un hombre sano y fuerte por el que han pasado los años robándole el vigor y conviertiéndolo en un anciano enfermo de Alzheimer que depende de su familia para sus cuidados. Enid  solo tiene un sueño ahora: celebrar una última Navidad en una propiedad que está a punto de ser vendida, la familia al completo una última vez.

Los tres hijos hace tiempo que decidieron realizar sus "correcciones" y poner tierra de por medio para caminar en busca de sus sueños aunque no todo salió como esperaban: Gary, el mayor, cuenta con un trabajo remunerado, está casado y tiene tres hijos pero tendrá que demostrar a su esposa, manipuladora y exigente, que no presenta un cuadro de depresión. Las reticencias de su esposa a asistir a la cena familiar de Navidad y su habilidad para poner a sus hijos mayores en su contra tensarán la cuarda hasta sumir a Gary en un estado de ansiedad permanente en el que no se reconoce ni a él mismo ni a algunas de sus acciones.Al principio de la novela, Chip, el más intelectual de los hermanos estará esperando a sus padres que embarcarán en un crucero. Ha perdido su trabajo de docente y desaparecerá durante la visita de sus padres para inmiscuirse en negocios sucios al otro lado del mundo. Denise, la menor, trabaja día y noche en un restaurante de su propiedad para olvidar las consecuencias de un matrimonio fracasado y hará muestra de su decadencia anímica varias veces a lo largo de la novela, reaccionará de manera inesperada dándose cuenta de que ni ella misma se reconoce, o quizás no se ha conocido nunca.

Tenemos pues, un drama familiar de corte bastante clásico en el que prevemos el choque que se producirá desde el momento en que Enid propone por primera vez el encuentro. La novela gira en torno a este día en el futuro y a las limitaciones particulares de toda índole que alegan los personajes y que dificultan la asistencia. No es este el único tema que trata el libro, hay lugar para una serie de subtemas como el paso de la madurez a la vejez, el libre albedrío, las relaciones fraternales y de pareja, las consecuencias irreparables del paso del tiempo, la imposibilidad de lidiar con las situaciones que nos oprimen y la búsqueda de un estado de paz interior-tanto por medio de la realización personal como por la utilización de sustancias; un capítulo tan inesperado como inquietante.


Jonathan Franzen es un buen escritor, no cabe duda. La polémica suscitada por su reputado elitismo al no querer discutir su novela en ciertas emisiones que, según él, no estaban a la altura no hizo más que propiciar la curiosidad de muchos lectores que se lanzaron para comprobar si era realmente una prosa destinada a ciertos paladares. Debo decir que no cabe esperar un libro demasiado exigente, no lo es. No carece de profundidad aunque a veces parezca que roza la superficialidad más absoluta en ciertos rasgos de los personajes. Las tramas, casi podemos llamar así a la intervención de cada uno de los personajes, fluyen en paralelo a la perfección dotando a la obra de un buen trasfondo psicológico que resulta bastante interesante. El estilo de Franzen, sin embargo, no pudo más que recordarme al de David Foster Wallace en más de un aspecto, algo normal teniendo en cuenta que eran amigos, aún así, me fue difícil no ver influencias muy directas de David Foster Wallace sobre Jonathan Franzen. Me temo que a la hora de recomendar el libro voy a ser más prosaico de lo que muchos puedan esperar: creo que es bastante apto para todos a los que le pueda interesar el tema, reitero que, a pesar de la polémica no me parece demasiado exigente y añadiré que me parece una muy buena novela a tener en cuenta.