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lunes, 17 de junio de 2013

Ayer, de Ágota Kristof

"En este momento me queda poca esperanza. Antes buscaba, me movía todo el tiempo, esperaba algo. ¿Qué exactamente? No lo sabía. Pero pensaba que la vida no podía ser lo que era, es decir, nada. La vida debía ser algo y esperaba que ese algo llegara, lo buscaba.

Ahora pienso que no hay nada que esperar, por eso me quedo en mi habitación, sentado en una silla, no hago nada.

Pienso que hay una vida ahí fuera pero en esta vida no ocurre nada. Nada para mí.

A los demás puede que les ocurra algo, es posible pero ya no me interesa.

Estoy aquí, en una silla, en mi casa. Sueño un poco, no demasiado. Con qué podría soñar? Estoy aquí sentado, eso es todo. No puedo decir que esté bien, no es por mi bien estar que me quedo aquí, más bien al contrario."

Sandor huye de sí hacia Tobias, una identidad nueva en un país nuevo y se autoinflige una rutina mecánica en una fábrica de relojes y en su propia vida para no tener que sentir. Sentado en una silla, al borde de la cama o paseando por las calles toma cuenta de su vacío, se desbarata y llora. Otras veces ve más allá, mira dentro de sus deseos y encuentra un mundo paralelo irrealizable, se asoma a la ventana para comprobar si sopla el viento y vive de las ensoñaciones de una mujer que idealiza. El cristal de su mundo imaginario estalla sometiéndolo otra vez a la vista de una casa no demasiado limpia y algo descuidada en la que se instala de nuevo el vacío.

Antes de que Sandor fuera Tobias, Sandor vivía en Hungría con una madre que se prostituía; iba a una escuela en la que su clase social no era acorde con la de sus compañeros y por la que recibía humillaciones envueltas de inocencia infantil pero de acumulación dañina en el alma. Con un secreto callado con un cuchillo manchado de sangre y con el recuerdo de una niña en mente dejará su país para trasladarse a Suiza. Los años pasarán, Sandor se convertirá en Tobias y la mujer que idealiza cobrará vida. Tobias irá dejando el vacío reencontrándose con la mujer y con Sandor y, a su vez, con el secreto que trajo desde el otro lado de la frontera, un secreto que imposibilita la consecución del amor que anhela.

La novela trata en principio el proceso de adaptación de un emigrante con pretensiones literarias en un país extraño pero pronto tomará importancia absoluta lo que escinde del hilo conductor y el retrato vital del protagonista abarcará toda la historia. Sandor es alguien que huye de sí mismo y de su pasado sumergiéndose en un presente aséptico de sentimientos y de experiencias. La única válvula de escape se encuentra en su mente, en sus deseos que brotan de repente consolándolo del vacío que lo aflige. Es por lo tanto un relato psicológico minucioso, un doble perfil separado por el tiempo y aunado en la figura del protagonista que de un letargo existencial autoimpuesto despierta ante el estímulo de un sueño hecho realidad.

Una novela absolutamente recomendable, un periplo existencial en un relato corto con tintes autobiográficos, casi carente de figuras literarias, de adjetivación y de metáforas, directo y de frases breves que tratan de hacer tangible la psique, amarrarla a la escritura y exponerla.