"Les gusto por lo que soy aunque preferíria gustarles por lo que parezco ser, y por lo que parezco ser, ser quien soy"
"No era más que otro hombre que pretendía enseñarme algo"
"Me he convertido en un hombre que pretende enseñarme algo"
"Un día, [ella] le estaba contando a la madre de Margaux sobre una técnica por la que, sea el que sea el problema con el que te encuentras en la vida, se supone que tienes que levantar las manos y decir ¿a quién le importa?
"Mucha
gente vive durante toda su vida con la ropa puesta, y no se la pueden quitar
aunque así lo quieran. Y luego están los que no se la pueden poner. Ellos son
los únicos que viven su vida no sólo como personas, sino como personas
ejemplares. Están predestinados a exponer hasta la más mínima parte de ellos
mismos para que los demás podamos entender lo que significa ser humano."
Resulta sorprendente que una de las ediciones extranjeras del libro de Sheila Heti, Cómo debería ser una persona afirme que se trata de "un libro de autoayuda postmodernista", mi impresión, al menos la que escinde de lo que he extraído de la lectura dista mucho de estar de acuerdo. El libro no ofrece ninguna pauta a seguir, ningún método milagroso que lime las asperezas de los bordes de la pieza que somos para encajar con justa precisión en un puzle de identidades preconcebidas. Se trata más bien de un experimento, una visualización de un caldo de cultivo bajo un microscopio con poder dióptrico de tecnología punta que revela el yo de Sheila en quietud latente y los yoes de las personas que la rodean propulsándose mediante cilios, que se mueven aparentemente de manera propia, a través de la vida.
Sheila quiere ser persona y no sabe como, su matrimonio se ha ido al traste de la noche a la mañana por ir fraguándose en ella un desencanto inexplicable que la obliga a sacar la cabeza a la superficie antes de ahogarse en la nada, conoce a Margaux, una pintora notable con una personalidad arrolladora de la que pretende aprender a ser persona sin ser consciente de que le está extrayendo hasta el tuétano y se entrega de manera ocasional al alcohol, a las drogas y a una relación tóxica en la que el sexo parece ser el único aliciente.
Sheila va buscando, observando en lo que se asemeja a una carrera de intervalos en la que no hay satisfacción al tocar los extremos, los analiza y se pierde a medio camino. Sholem es un pintor cauto y prudente con gran sentido de la estética, Margaux es una pintora inconsciente y resuelta que no se rinde ante dogmatismos pero genial como artista y Sheila observa, comprende pero no encuentra su sitio.
Parte de la trama gira en torno a un encargo literario que Sheila debe cumplir, la creación de una obra que hable sobre "las mujeres" Su incapacidad para llevarlo a cabo será arrastrada durante toda la trama hasta el punto en que se cuestionará como artista, la disciplina artística es preponderante en el libro, hasta el culmen en el que se señala que, probablemente, el resultado de la obra es el libro que tenemos entre las manos. El título por lo tanto es extensible a otros aspectos de identidad, el primordial, cómo ser mujer y de manera secundaria, cómo ser judía, cómo ser amiga, cómo ser artista, cómo ser artista si cuestiono mi talento, cómo ser la persona que esperan que sea, como ser la persona que quiero ser.
La novela es difícil de encuadrar en un estilo, vamos por un pasillo de géneros literarios, a ciegas y a tientas esperando dar con la etiqueta que le venga apropiada, creo que no es posible y que justo ahí radica su punto fuerte, en su composición inusitada. La savia del relato se entremezcla con episodios de sexo explícito, casi salvaje y con reflexiones profundas, es un juego de espejos superpuestos para explorar todos los rincones del yo y detenerse en aquellos que no vemos a simple vista. Y dicen que "ser uno mismo en un mundo que está constantemente intentando cambiarnos es el mayor de los logros" pero jamás nadie ha dicho que sea fácil.
