"Frente a él quedaban quince días de vacaciones. Tenía una sensación eufórica y callada de haber vencido en algo. Se volvió solemne en casa, presuntuoso, independiente. Veía a sus padres y a Anita y le parecían figuras un poco lejanas e irritantes. No se molestaba ni siquiera en sonreír. Cuando estaba junto a ellos permanecía un poco ausente -Hijo este verano estás insoportable (Mamá)-, pero les dejaba hacer, permanecía a su lado y e marchaba en cuanto podía, sin más explicaciones que la de que se iba al club. Pero no iba al club, tenía una sensación ambigua-la podría llamar alegría, pero se retorcía y cambiaba de forma y de aspecto constantemente-de que se había activado a su alrededor una especie de campo magnético.
Salir de la niñez, quedar despojado de ese halo protector que nos rodea y que nos es inherente casi por derecho, salir paso a paso hacia la adolescencia y sentir como dejamos atrás la calidez para adentrarnos en el frío de un vacío que tendremos que ocupar y contra el que nos rebelaremos. Buscar un lugar y forjarse una identidad sin demostrar nuestras flaquezas, aunque duela. Aprender a caminar solo e insistir en que nadie nos ayude. Divisar varios caminos y elegir el incorrecto, volver a empezar, esta vez con una herida, empujado por el estímulo de haber sobrevivido, un poco más consciente, un poco más adulto.
Tomás percibe los cambios en su cuerpo mientras se prepara para unas vacaciones con las familia en la costa. Lo que antes le había parecido una rutina de temporada se le hace cuesta arriba : está cambiando, no es el mismo y no espera lo mismo. Este mes de agosto Tomás dejará atrás a los jóvenes con los que antes se relacionaba buscando nuevas sensaciones, buscándose a sí mismo y conocerá a un grupo nuevo integrado por adolescentes que residen en el pueblo costero todo el año cuya anarquía en la forma de vida fascinará a Tomás desde el primer encuentro. En agosto Tomás se dejará llevar y dará o intentará dar rienda suelta a sus pulsiones bullentes, sacar todo lo que se mueve dentro de él focalizándolo en la iniciación al sexo, a las drogas y a la violencia. Se deja arrastrar por una rebeldía naciente y típica: la del adolescente que oye los gritos de su hermana pequeña, las reprimendas constantes de sus padres y el desenlace de la enfermedad de su tía a la que quedan pocos días de vida como un ruido de fondo del que quiere permanecer ajeno sin lograrlo del todo por el constante flujo de sentimientos. Se deja arrastrar y acaba consumido por un hecho atroz, una situación que se va de las manos y que lo atormentará desde los últimos días de verano hasta octubre.
Octubre lejos de la playa sobre cuya arena queda un hecho sórdido que lo obsesiona, que le oprime el pecho y que no le deja dormir. ¿Cómo remediarlo? No se puede deshacer pero se puede volver atrás e intentar paliarlo. Tomás ha cambiado, le han arrancado la niñez y lo han lanzado al mundo para aprender a ser adulto pero hay que empezar de nuevo.
La lectura de este libro de Andrés Barba fue toda una sorpresa, he de decir que la disfruté mucho, quizás adolezca de algún fallo, de algún giro innecesario que rompe con la naturalidad del proceso de madurez diferenciando el de Tomás mediante un hecho específico. No obstante, el autor es capaz de descripciones introspectivas muy notables que en mi opinión son el punto fuerte de la novela, un recorrido por el fuero interno mediante sensaciones y experiencias que no dudaría en recomendar.
