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"Los dioses no estaban ya, y Cristo no estaba todavía, y de Cicerón a Marco Aurelio hubo un momento único en que el hombre estuvo solo.” ― Gustave FlaubertDe esta cita parte la idea de Marguerite Yourcenar (1893), escritora franco-belga nacida en Bruselas y naturalizada estadounidense, de escribir este libro que se ha convertido en un referente de las letras francesas y de la literatura universal. Estas palabras de Flaubert, pertenecientes a su correspondencia personal, marca parte del periodo y del contexto histórico por el que se interesa Yourcenar, como indica en el Cuaderno de notas a las memorias de Adriano. No obstante, la obra va mucho más allá de pertenecer al género de la novela histórica y se puede casi enmarcar en la categoría de novela filosófica. La obra presenta una prosa rica y es el resultado de una importante labor de investigación, avalada a la vez por académicos expertos en historia y en literatura que dan fe de la veracidad de lo que se narra en ellibro.
La novela está escrita en forma epistolar. Se trata de una carta escrita por Adriano y dirigida a su sucesor Marco Aurelio en la que Adriano medita sobre su vida y resalta los acontecimientos más importantes de su existencia. La novela abre con el encabezamiento de la carta, en el que Adriano relata su reciente visita al médico y describe su estado de salud decadente y en el que muestra su intención, además de informar a Marco Aurelio de su estado, de hacer un relato de su vida. Vamos conociendo los pasos seguidos por Adriano hasta la llegada al poder. A partir de este momento empezamos a ser partícipes de su reflexiones sobre la felicidad, de lo lícito y ético de los medios para la consecución de la gloria y de la propia persona frente a la sociedad, escrito en un tono poético, casi nostálgico que se va entrelazando con datos históricos mediante los que conocemos a Trajano, a su esposa y a figuras políticas de la Roma Antigua hasta llegar a la época donde se narran los logros conseguidos por Adriano , primero como miliciano y más tarde como gobernador.
Conocemos la juventud impetuosa de Adriano, su fama de erudito e inteligente y su coraje en la lucha y somos testigos de todos sus pasos hasta que llega al poder en los años de su madurez. En este periodo se da al lujo, a los placeres de la vida, somos partícipes de sus triunfos-denomina a los años de su gobierno la Edad Dorada- y también de su tristeza, Adriano nos relata la pérdida de un amante en un pasaje desgarrador y hace un balance de sus logros y de sus errores. Reflexiona también sobre su avanzada edad y sobre cómo ha ido cambiando su carácter, de cómo el ímpetu de su juventud se ha transformado en rabia contenida y en desespero, ilustrado este hecho en varios episodios que relata con remordimiento.
La carta acaba con reflexiones sobre el sucesor, explica el por qué de su decisión por Marco Aurelio para este cargo y ya enfermo cavila sobre el destino de Roma y sobre su legado.
El estilo es poético, centrado en el yo epistolar y, como es de esperar, encontramos una absoluta ausencia de diálogo, la prosa es precisa y exacta pero deja traslucir sensaciones dispares como el entusiasmo, la nostalgia, la tristeza y el arrepentimiento.
Para terminar, me gustaría hacer una pequeña recomendación que hará la lectura más fácil y placentera. Es de rigor elegir una edición que contenga el Cuaderno de notas a las Memorias de Adriano, un complemento informativo de gran valor. Considero esta obra un imprescindible de la literatura universal y la recomendaría tanto a los lectores que disfruten de la novela histórica como a los que prefieren una prosa de calidad suprema al servicio de la descripción de las más profundas cuestiones filosóficas.