jueves, 9 de mayo de 2013

El niño perdido, de Thomas Wolfe

“Y a través de la maraña de recuerdos de un hombre, desde el bosque encantado, el pobre niño de ojos oscuros y rostro sereno, extranjero en la vida, exiliado de la vida, hace mucho tiempo perdido como todos nosotros, una cifra de los laberintos ciegos, mi pariente, mi hermano y mi amigo, el niño perdido, se había marchado para siempre y no regresaría nunca jamás.”

Hacía tiempo que quería retomar la obra de Thomas Wolfe. Hace años leí dos libros que me marcaron por la profundidad a la que es capaz el autor de llegar sin forzar situaciones ni el lenguaje. En Look Homeward Angel y You Can't Go home Again, el autor reviste la trama y los personajes de cierto halo de sentimiento, predominantemente de nostalgia sin llegar hacer punzante o reiterativo, se intrioriza el sentimiento en las primeras páginas y nos va acompañando hasta el momento de cerrar el libro por última vez. Resulta sorprendente comprobar que el autor consigue el mismo efecto en una novela que no llega a las cien páginas en la que se podría pensar que no hay espacio para contener tanto. Wolfe es capaz de condensar todo el sentimiento y guardarlo en un pequeño frasco cuya esencia perdura en el tiempo y se transforma en un recuerdo imborrable.

La novela es semi autobiográfica, hecho que incide en el intimismo que alcanza. Está dividida en cuatro partes y dos tiempos. En la primera conocemos a Grover, un niño de doce añosde tez oscura, mancha de nacimiento en el cuello y carácter tranquilo y reflexivo. Las tres partes restantes se centran en el recuerdo de Grover varias décadas más tarde en la voz de su madre, una hermana y un hermano, Eugene, alter ego del escritor, menor que Grover y al que éste enseñaba a hablar. Pronto percibiremos que Grover es distinto a los demás niños por su inteligencia y carácter, tiene un carisma que lo hace especial y que perdura en el recuerdo de sus seres queridos. La sutileza impresa en el texto narra breves episodios de la vida de Grover en el que éste hace prueba de su sentido de la justicia, de su código ético y moral, de su bienhacer y diligencia y sobre todo del amor por los suyos, tratará siempre de regalar momentos de alegría y satisfacción que se convertirán en puñales esgrimidos por el recuerdo "¿Por qué nada es como pensamos que sería?" - exclama su hermana. El final del libro, casi podría ser un epílogo, es especialmente llamativo. Eugene, como indicamos, el alter ego del autor, trata de seguir el rastro del recuerdo y reconstruirlo enfrentándose a como el tiempo lo corroe y lo priva de esencia diluyéndolo y tornándolo borroso e irrecuperable.

Recomendaría el libro sin dudarlo, es un breve compendio de sentimientos narrados con precisión, con
sutileza en el lenguaje aunque con la fuerza en el mensaje implícito que muchos autores no son capaces de contener en cientos de páginas


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